Este blog no tiene un fin económico. Rescato objetos del olvido. Escribo sobre la Ciudad, sus comercios antiguos, su historia, sobre personas que ya no están y sobre lo que dejaron. Si algún comentario mío molestara a alguien, contactarse y el comentario será eliminado.

miércoles, 4 de enero de 2017

Negocios antiguos: Bombonella (1941- actualmente abierto) (3)


Bombonella
Chocolatería


Bombonella fundada en 1941 actualmente sigue abierta

Av Corrientes 1479

El negocio no es lindo de ver, estéticamente no luce. Los cartelitos amarillos llamativos nunca me gustaron, pero los chocolates son tan ricos que se les perdona los detalles superfluos.


Don Panagiotis Yannoulas  partió de Grecia hacia “La América”, en busca de un lugar donde poder progresar y tener una familia en 1928.

En esa época los europeos migraban hacia “La América”y algunos no sabían bien si llegarían a Nueva York, a Montevideo ó a cualquier otro puerto. 45 días duró la travesía y quiso el destino que llegara al puerto de Buenos Aires.

En la página web de la empresa no brindan mayores datos ni cuentan anécdotas a mi me interesaría conocer por ejemplo qué personajes famosos pasaron por ahí por ejemplo.

Me apuro a conocer lugares antes de que cierren.   Le deseo larga vida a este negocio, pero hay muchas sorpresas, sobre todo en Av. Corrientes.

Objetos de mi colección





martes, 3 de enero de 2017

Negocios antiguos: Casa Toledo (1)


Casa Toledo

Platería de excelente calidad.

La fábrica estaba en la calle Hipólito Yrigoyen a una cuadra de Av La Plata en la Cuidad de Buenos Aires, según me dijo un descendiente de sus propietarios. 


Objeto de mi colección




lunes, 2 de enero de 2017

20 Bar Notable: Bar Plaza Dorrego (1930) Almacén de Besio (1880) (5)


Bar Notable Plaza Dorrego

Ex Almacén de Besio, ex San Pedro Telmo, ex El Imperial

En una esquina de la calle Defensa, la más antigua de la ciudad, por donde entraron los ingleses durante las invasiones, en uno de los primeros barrios que se formaron (San Telmo), frente a Plaza Dorrego (la segunda más antigua de la ciudad después de Plaza de Mayo), donde descansaban las carretas que venían al centro y donde los viajantes tomaban algo, descansaban o esperaban que bajen las aguas los días lluviosos, en el año 1880 abrió un almacén. Con los años ocuparon ese lugar dos bares.  En ese mismo e histórico lugar hoy está el bar Notable Plaza Dorrego.



Defensa 1096/98  frente a la Plaza Dorrego, San Telmo  


La Plaza

La Plaza Dorrego es Monumento Histórico Nacional desde el año 1978 debido a que en su sitio el pueblo de Buenos Aires adhirió a la Declaración de independencia de la Argentina.

San Telmo fue un barrio en el que vivieron familias aristocráticas hasta el año 1871 en el que la epidemia de fiebre amarilla los obligó a evacuar la zona y huir rumbo al norte de la ciudad, hacia los actuales barrios de Belgrano, Recoleta y Palermo.

La plaza ocupa un cuarto de manzana. Está delimitada por las calles Humberto I° y Defensa y por dos cortadas: una paralela a Humberto I° llamada Bethlem, y otra paralela a Defensa con el nombre del bandoneonista y compositor de tango Anselmo Aieta.

Anteriormente, el solar donde se encuentra la Plaza Dorrego había formado parte de la casa del gobernador bonaerense coronel Manuel Dorrego, asesinado en Navarro por orden del general Lavalle.

Antiguamente a este lugar se lo denominaba Hueco del Alto o Alto de las carretas, pues era allí donde los carros se detenían antes de cruzar el arroyo Tercero del Sur (hoy calle Defensa y Pasaje San Lorenzo) en su trayecto hacia el río de la Plata luego de atravesar el centro de la ciudad.

El Hueco era parada de carretas por Acuerdo del Cabildo del año 1745.  Los carreteros, después de pasar la barranca de Marcó (Defensa desde Martín García a Brasil), llegaban a este sitio y se detenían, más si había mal tiempo, en espera de que el zanjón de la calle San Andrés (hoy Chile), permitiera el paso, pues las aguas corrían torrentosas cuando llovía.  

Se reunían en la plaza compradores y productores y eso la convirtió en el centro comercial más importante de la época.  El hueco también permitía el descanso y abrevadero de bueyes, que los conductores aprovecharan para ir a la iglesia o entrar en el almacén a proveerse de pan, queso, vino o naipes para pasar el tiempo.  El almacén ya tenía sus dos puertas esquineras.

Defensa era el camino más transitado en los días de la Colonia, antes se había llamado calle Real, vía directa entre el puerto del Riachuelo y la Plaza Mayor, el Fuerte, el Cabildo y la Catedral.

El nombre de la plaza cambió por Alto de San Pedro, y luego Plaza del Comercio (1822). En 1900, el nombre de la plaza cambió por el actual.

A pesar de la prohibición de construir mercados u otros edificios en las plazas de Buenos Aires (ley nacional del 5 de octubre de 1862), ese mismo año se estableció en la plaza de el llamado mercado “Del Comercio”, que se mantuvo hasta que abrió sus puertas el “Mercado de San Telmo” (a una cuadra de allí dentro de la manzana comprendida por las calles Estados Unidos, Carlos Calvo, Bolívar y Defensa) en el año 1897.

La plaza se mantuvo como escenario de concentraciones públicas.  Era el sitio preferido por la gente, aún estando cerca el Parque Lezama que todavía parecía una quinta particular aunque ya pertenecía al municipio.



Es Monumento Histórico Nacional porque en esta plaza el 13 de setiembre de 1816 el Brig. Gral. Juan Martín de Pueyrredón, Director Supremo, juró fidelidad a la Independencia Nacional que había decretado el Congreso de Tucumán el día 9 de julio y el compromiso de respetarla, afirmarla y defenderla.

La plaza continuó siendo parada de carretas hasta muy entrado el siglo XIX.


El barrio hoy

Calles adoquinadas, edificaciones antiguas y modernas


La feria


Muchos de los edificios que rodean la Plaza Dorrego de San Telmo, conservan sus características gracias al Museo de la Ciudad, cuyas autoridades impulsaron la creación, en abril de 1979, de la Comisión Permanente para la Preservación de Zonas Históricas.

En 1970 y por iniciativa del arquitecto Peña, director del Museo de la Ciudad, comenzó a desarrollarse los domingos la Feria de San Pedro Telmo que le dio vida al barrio. 


Bares

La Plaza se llena de mesas y sombrillas de los bares que la rodean y las palomas se abalanzan sobre las mesas.

Vecinos artistas

En Bethlem 443 está la casa donde vivieron el escultor Alfredo Bigatti y su esposa la pintora Raquel Forner y que hoy es un negocio de antigüedades.

Por Defensa 1094 se accede a la planta alta, taller del platero Juan Carlos Pallarols.  Pallarols, orfebre que fabricaba los bastones presidenciale es uno de sus habitué del bar Plaza Dorrego.


Monumento de Yrurtia

Un día la Plaza Dorrego apareció ocupada por una obra monumental de Rogelio Yrurtia (1879-1950), el “Canto al Trabajo” enorme para el lugar.  Estuvo en Plaza Dorrego entre noviembre de 1927 y mayo de 1937.  Fue trasladada a Paseo Colón, frente a la facultad de Ingeniería. 

Canto al Trabajo
de Rogelio de Yrurtia
 Inaugurado en 1926 
Grupo escultórico formado por 14 figuras que arrastran una piedra. La proporción de las figuras es dos veces y medio las de un ser humano promedio 
 Fundido en bronce.


Actualmente se encuentra en la Plazoleta Coronel Manuel de Olazábal, Avda. Paseo Colón al 800, frente a la Facultad de Ingeniería

Algunos dicen que el atelier de Yrurtia se encontraba frente a la plaza (no pude averiguar donde estaba, yo tenía entendido que lo tuvo donde hoy está su museo).

La obra es una alegoría al significado liberador del trabajo, la dignificación de la mujer en la vida del hombre como sostén en la lucha común.


Los patriotas del barrio




La Plaza contaba a diario con la presencia de patriotas. French nació en Defensa 1062 y en la Plaza concentró a los chisperos que acaudilló para el triunfo de Mayo.  

Bernardino Rivadavia vivía en Defensa al 300 y Esteban de Luca se domiciliaba a pocos metros.

Casa natal de Rivadavia en Defensa 350, una de las primeras casas de altos que tuvo la Ciudad.



Anécdota de las Invasiones Inglesas


En Humberto 1º 351 (donde hoy hay una escuela) sucedió un hecho que alcanzó resonancia.  Doña Martina Céspedes, vecina de San Telmo, vivía con sus tres hijas.cuando sucedió la Segunda Invasión Inglesa.

Madre e hijas atendían un negocio de tabaco y alcohol.  El 5 de julio de 1807 Martna se encontraba en casa con ellas cuando un grupo de doce soldados ingleses ebrios golpearon a su puerta buscando bebidas.   Martina, accedió a darles lo que pedían, a condición de que penetrasen de uno al negocio. Cuando ingresó el primero, Martina cerró la puerta, y aprovechando el estado de embriaguez en que se hallaba el soldado, ayudada por sus hijas, le quitó el arma y lo ató.  Lo mismo hizo con los demás, dejándolos en distintas habitaciones.  

Una vez firmada la capitulación, Martina Céspedes se presentó ante Santiago de Liniers y le contó lo sucedido.  De los doce prisioneros le entregó once; el restante se enamoró de su hija y posteriormente se casó con ella.  Liniers le concedió a éste el grado de Sargento Mayor del Ejército.  


El Bar 

Frente a la plaza, en la esquina noreste de Defensa y Humberto Iº, en un edificio construido alrededor del año 1880, de dos plantas con aire italiano, que fue conocido como "los Altos de Besio", por su propietario, quien en la planta baja tenía almacén de ramos generales con despacho de bebidas, se encuentra el Bar Plaza Dorrego. 

No hace mucho tiempo tenía que hacer tiempo en San Telmo y busqué un barcito. Como me quedan un par de notables y no notables por conocer por allí me dirigí a los que estaban cerca. Los encontré cerrados. Recordé que estaba cerca de uno que ya conocía.  Me dirigí al Dorrego. Lo bueno fue que volvía con info que antes, cuando había estado, no tenía. Lo malo era que tal vez no habría sorpresas. 

Ahora sabía que allí se habían reunido Borges y Sábato y eso pesó en la decisión de entrar, todo lo que contenga a Borges tiene mi voluntad. Me equivoqué en lo de que no iba a haber sorpresas.

Entré, me senté, pedí un cortado y a los pocos minutos sentí una voz que dijo algo bien fuerte para que yo escuchara "¡qué pinta tenía éste!".   Levanté la vista y vi al encargado mirándome y haciendo un gesto que me resultó familiar, puso la misma cara que pone mi padre para demostrar énfasis (movió la cabeza como negando, sacó levemente los dientes superiores y mordió apenas los labios inferiores).  Sonreí sin entender, por cortesía, lo miré intrigada y moví la cabeza como diciéndole "no sé de qué habla".  Él levantó el índice y giró la mano, hizo silencio para que escuchara.  Sonaba un tango.  Supe que me estaba poniendo a prueba. Intenté inútilmente reconocer la voz del intérprete pero finalmente me rendí (1 a 0). 

Mi cafecito


"Quién es?" pregunté. "Ángel Vargas. Las minas morían por él, iban a verlo, no a escucharlo".  A partir de allí no paramos de conversar.  Cuando encuentro alguien con el que puedo hablar del pasado
que no conocí, trato de aprovecharlo.  Me recomendó una película que no conocía (2 a 0) y me introdujo en una historia maravillosa con la frase "allá tenés la foto de Ada Falcón... la conocés, no?" (3 a 0).   

Me dio vergüenza no saberlo, me sonaba el nombre, pero no la hubiera reconocido ni escuchándola ni viéndola.  Me levanté porque lo vi dirigirse hacia la foto para mostrármela. Pensé que era la del retrato que estaba sola (ver imágenes de abajo) y me corrigió "es la que está con Gardel". Ganaba por goleada.




Soy intuitiva.  Él tenía ganas de hablar y yo de escuchar.  Ya me había olvidado de lo que tenía que hacer, eso era más importante.

Y ahí nomás me contó la historia de amor que vivieron Ada y Canaro.  Mientras me contaba yo me preguntaba "pero cómo no me enteré antes de esto?".  



Entraba gente, él atendía y proseguía.  Mientras él hacía otra cosa yo googleaba. Era cierto, hubo una "Ada Falcón", cantó tangos, filmó con Gardel y fue amante de Canaro. No me estaba mintiendo. Ya quería saber más. Pero la intriga final me la clavó al decirme "ella enloqueció de amor, se retiró, se hizo monja". 

El bar por dentro



El piso es de mosaicos blancos y negros en damero. El mostrador de madera en forma de L en el centro del salón, luce una vieja caja registradora. 




Fotos viejas y descoloridas. Una de Carlos Gardel, y otra del cantante con Alfredo Le Pera. Dos de Marilyn.  Las vitrinas y estantes de madera alternan viejas botellas de ginebra, anís y coñac empolvadas. Unos ventiladores de techo sobreviven.

. El mozo con su clásico atuendo en blanco y negro

El bar se llamó alguna vez "San Pedro Telmo", luego "El Imperial".  De la época en que fue almacén queda un mueble con cajones donde se guardaban sueltos, porotos, café, la yerba, lentejas o fideos. 

Especiero


Cuando lo vi desocucupado (al encargado) le pregunté "cuál es la mesa en la que se sentaron Borges y Sábato?".

Sonrió. Dudó. Creo que me creyó merecedora de semejante revelación:

"bueno vení, no se lo decimos a nadie porque sino todos pedirían esa mesa, la corrimos de lugar, la mesa estaba ubicada justo donde vos te sentaste pero la verdadera mesa es esta".


Y la vi, la toqué, me emocioné

Me encantó saber que libremente elegí el lugar donde había estado la mesa, el bar estaba vacío y yo me sentí atraída por ese lugar puntual.

Tuve que irme, le deslicé algunos datos que él no conocía pero no empaté el partido. Le dejé mi tarjeta al señor cuyo nombre ignoro y le dije que iba a escribir sobre lo que me había contado (media hora de charla -interrumpida por su trabajo- me brindó buen material). Cumplo en este momento con mi palabra, agradezco y tendré que volver a llevarle un presente y a nutrirme de más historias.
                                                               


La grieta: Borges y  Sábato, el reencuentro

En este bar se dio el reencuentro (generado por la revista Gente) entre Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato, después de veinte años sin hablarse por razones políticas.  

Luego, en la tapa de la revista Gente se los pudo ver a ambos saliendo del bar Plaza Dorrego.  Corría el año 1975.

   Aquella entrevista http://www.gente.com.ar/nota.php?ID=7022


En este bar también se filmaron escenas de las películas "Almafuerte", y " La Peste", dirigida por Luis Puenzo.


En él se inspiraron muchos tangos, como el clásico “Cafetín de Buenos Aires”, de Mariano Mores (nacido en San Telmo en 1918) y Enrique Santos Discépolo .

De Niro y Robert Duvall entre muchas otras figuras se sentaron en sus mesas. 


Objetos de mi colección...





Yo me quedé pensando en Ada Falcón...


De ella hablaré en un próximo post.
















Petit Café (1926) - The Embers - Pericles (1)


Petit Café
Al él iban los petiteros

Av. Santa Fe 1820

El Petit Café estcuvo en Av Santa Fe 1820, cerca del cine Grand Splendid, donde hoy está la libreria El Ateneo.

Hoy en Av. Santa Fe 1818 está la librería Cúspide y en Av. Santa Fe 1826 la heladería Volta. Tal vez el Petit Café abarcaba ambos locales.


El “Petit Café” fue una confitería de situada en Santa Fe, “la gran vía del norte”, como se la conocía.   Permanció abierto hasta la década del setenta.

La confitería de estilo art-déco tenía dos salones amplios con grandes espejos, columnas de mármol, aplicaciones de hierro forjado y bronce. Las mesas eran de mármol, sobre ellas se apoyaban ceniceros de quebracho, las sillas de cuero. Al fondo estaba la peluquería para caballeros.

Se consumían "chatos” de cerveza, sándwiches triples, canapés, y en los cuarenta y cincuenta estuvo
de moda el Cuba-libre y claritos.

En esos años el país estaba dividido entre peronistas y antiperonistas. Perón y Evita lo señalaban como un reducto del antiperonismo.

La noche del 15 de abril de 1953 el “Petit Café” fue incendiado y saqueado; los bomberos aparecieron varias horas más tarde.

Ese día se pusieron bombas en un acto peronista en la Plaza de Mayo, se incendiaron locales de partidos políticos como la Casa del Pueblo  y el Jockey Club de la calle Florida.

La vestimenta del petitero

El saco con dos tajitos y tres botones (“dos tajitos/ tres botones/ petiteros maricones”). Al cuerpo, apretado. El pantalón, también estrecho. El calzado mocasines, la corbata de lana de un color o tipo escocés, el nudo tradicional. Blazer azul y pantalón gris. En invierno usa sweter celeste o amarillo.



The Embers 

Objeto de mi colección





Callao 1111

Cuando el  Petit Café desapareció, los empleados abrieron un local a la vuelta, sobre Callao casi Santa Fe donde se podía degustar un buen Strudel templado con helado de crema americana.  Con varias sucursales, The Embers de San Isidro aún existe.  Tenían asientos colgantes y son famosos por los aros de cebolla.

Hoy en el local de Callao hay una vinoteca llamada Ligier.


Pero hubo una confitería llamada Pericles en la misma dirección.  Tal vez estuvo antes que The Embers, no me consta.


Confitería Pericles

No conseguí imágnes de cómo era el lugar, pero tengo un objeto de él, una pequeña caja de fósforos.



Objeto de mi colección

Av Callao al lado de la cochería Lázaro Costa

70'
Frnando  Peña en el libro "A que no te animás a leer esto" menciona una anécdota vivida en esta confitería cuando él tenía diez años (año 1973). Ese dato me permitió ubicarlo temporalmente.

Agradeceré cualquier información que me brinden sobre este sitio.



Hasta un próximo post.

Agradeceré cualquier información que me brinden sobre este sitio.


Negocios antiguos: El rey de los Baratillos (anterior a 1905)


El rey de los Baratillos

Publicidad aparecida en el semanario Caras y Caretas en 1905

Suipacha 327

domingo, 1 de enero de 2017

19 Ex Bar Notable Modena Desing (1999) Confitería de las Artes (1960) actual Mercedes Haus



La página del Gobierno de la Ciudad está desactualizada.  El bar Módena Desing figura como Bar Notable. Dicho bar cambió de nombre y de marca.  Desde hace tres años es Mercedes Haus.  Supongo que sigue siendo notable, lo raro es que la página del complejo Mercedes Haus no dice que los sea.

http://www.buenosaires.gob.ar/bar-notable-modena-design

Este post estaba escrito para el Modena. Una vez planteada mi incertidumbre, que no pude dilucidar porque no encuentro información, dejo planteada la duda.

Hoy luce así el Mercedes Haus 
Es un complejo que tiene dos restaurantes, uno Novecento y otro Yonko's


Ex Modena Desing (con logo de Ferrari) (1999)

Ex Confitería de las Artes (1960)
Así lucía cuando era Modena Desing
Av. Figueroa Alcorta 2270 Recoleta

Estuve una sola vez y hace mucho, cuando todavía era la Confitería de las Artes.  Cuando estuve no era notable ni pensé que lo fuera a ser alguna vez pero me gustó el entorno, la vista.  No entiendo por qué lo convirtieron en un bar relacionado con marcas de autos.

Leo los comentarios de los últimos visitantes a Modena en una conocida página que califica restaurantes y veo que había quejas por la atención, por los platos que tardaban mucho y llegaban fríos.  Dicen que se encontraba venido a menos.  Ojalá haya mejorado.






1960 se celebró en la Ciudad de Buenos Aires el 150 aniversario de la Revolución de Mayo.

Los festejos incluyeron una exposición y se inauguraron obras arquitectónicas en la Ciudad.  Una de ellas fue el puente de hormigón curvo que servía de acceso a la exposición, obra del arquitecto César Janello, que quedó.




El Museo Nacional de Bellas Artes en ese año agregó un anexo dedicado a exposiciones temporarias y construyó un restaurante que se llamó Confitería de Las Artes.

Lo bello es el entorno.  Rodeada de jardines y obras de arte, y con la Facultad de Derecho en frente, esta confitería fue la preferida de artistas, estudiantes y visitantes del museo.








En 1999 el local fue refaccionado por el arquitecto Jorge Peralta Urquiza.  La Confitería de Las Artes pasó a denominarse Modena en ese momento.

Desde cualquiera de las mesas las vistas son agradables.  Se ve el parque con palmeras, palos borrachos, jacarandás, pinos, la escultura de Antoine Bourdelle (discípulo de Rodin) El Centauro Herido, y el puente peatonal y más allá la facultad, con sus imponentes columnas.



Negocios Antiguos: Maison Gadan (antes de 1905)


Maison Gadan

Embellecimiento de pieles

Florida y Tucumán

Sucursales
Bartolomé Mitre 943
Rambla Mar del Plata

En 1905 ya estaba abierto como lo demuestra esta publicidad aparecida en el semanario Caras y Caretas.


La niña que fui


La niña que fui

Nunca podría decir que no me arrepiento de nada, como dicen algunos, porque hay cosas de las que me arrepiento y mucho. 



De lo que no me arrepiento es de la infancia que tuve, es más, siento orgullo por mis orígenes, por haber tenido una niñez hermosa, aunque no haya sido perfecta; por haber crecido en una familia atípica, particular, pero la más linda para mí, no me imagino haber vivido otra vida ni la cambiaría por otra...


Esta canción describe bien mis sentimientos...



Hija de una modista, crecí entre espejos, maniquíes, telas, probándome ropa, mirando revistas de moda...


...y sobre todo escuchando historias de mujeres. 

Entre las clientas de mi madre había una chica, modelo, que venía a casa y lloraba porque no podía comer todo lo que le gustaba, ya que si engordaba, no la llamaban para desfilar. 

También había una señora que contaba que su marido le era infiel, pero que no se animaba a dejarlo porque con él tenía "un buen pasar". 

Y había una chica hermosa -que intuyo ignoraba que era tan linda-, casada e infeliz. Ella trabajaba en una cristalería. Una tarde llegó a casa con cajas de copas de cristal tallado, hermosas, verdes, fucsias, para agua, para champagne. Le regaló todo a mi madre y desapareció para siempre.  Luego supe que él le pegaba y que ella encontró en otro hombre el amor. Creo que ahí nació mi necesidad vital de que me cuenten historias. 

Fui la ingenuidad con soleras, polleritas acampanadas, jumpers, blusas con encajes, puntillas y alforcitas, con zapatitos de charol jugando en calles de tierra con amigas muy humildes (o más humildes que yo)...

Entre mis recuerdos me veo haciendo barquitos de papel que navegaban en charquitos...


correteando con globos y barriletes caseros...


persiguiendo mariposas...


atrapándolas en frascos un ratito, para mirarlas bien y deliberando con amigas el momento de su liberación...


pidiéndole deseos a los "panaderos"


mirando los cielos recostada en el pasto...


jugando a la escondida en toda la cuadra...


saltando a la soga...


 o andando en patines sin preocuparme por la inseguridad...


aprendiendo qué era el cooperativismo: haciendo pozo común para comprar golosinas...


                                           mirando las nubes y descubriéndole formas...




corriendo en las siestas de verano al heladero de Laponia 

(la foto debe corresponder a la década del 40')

extrañándome con lo que los adultos ya no podían extrañarse...

con los reflejos en los charcos...

con la vida asomando en los lugares más inhóspitos...

cambiando figuritas...



disfrutando las historias encerradas en libros 


y atrapando por ratitos, bichitos de luz...



Pero sobre todo, soñando lindo...

soñar que flotaba...

soñar lo imposible...

pender, correr sin avanzar, todo es posible en sueños...

Y mis gustos particulares, secretos...

mi fascinación por los puentes...

por los relojes de arena y el tiempo en general...

y por los animales en libertad y por la libertad a secas también.

La noche me encantaba, pero la oscuridad me atemorizaba (siempre fui contradictoria)...

 la desolación de la noche, fue, por mucho tiempo, mi único gran temor...

Obvio que deben haber habido infancias mejores, no compito, cuento la mía, la que me marcó a fuego.  

Algunos tienen los puños llenos de verdades, yo los tenía de galletitas...


Fui una niña que se resistía a entrar a la adultez si eso implicaba quedar sin ilusiones. 

Mis padres eran gente muy realista, a veces se asustaban de la hija "diferente" que tenían, todavía hoy mi padre no puede aceptar que coma ceviche y sushi y que me gusten. 

A veces los hijos no se parecen a los padres para diferenciarse.  Pero hay algo más, a veces la diferencia proviene de algo que no podemos conocer, hablo de algo más profundo todavía. Es incomprobable, pero sospecho que venimos al mundo con características propias, más allá del entorno en el que adquirimos otras... pero es sólo un pensamiento mío. 

Por lo menos yo no tenía de quién heredar romanticismo e ingenuidad.  Mientras me gustaba lo antiguo, la moderna en casa era mi madre. 


Yo era sentimental, escuchaba tangos colateralmente cuando los oía mi padre y me interiorizaba en las letras, me compenetraba en las historias de las cuales aprendí que vivir es decepcionarse. 

 

Y siendo chiquita, cuando se armaban bailes en la calle (antes las fiestas se vivían en la vereda, hasta se cenaba en ella, increíble) me "prendía" y bailaba tangos con adultos, si aparecía una cumbia, me retiraba silbando bajito...

También me gustaba charlar con gentre grande (me sigue gustando, aprendo mucho, me conmueven sus historias), quizás a falta de abuelos cercanos. 

Una niña mujer y una mujer aniñada aferrada a sus últimas ilusiones vivas...

Mi madre era la rockera, la que le escapaba a los sentimentalismos y la que adoraba la juventud y no quería llegar a vieja (tanto, que lo logró) y yo era la sensiblera.

En cuanto a programas preferidos, el horario de La Mujer Maravilla era sagrado...si me venían a buscar para jugar a esa hora, yo no estaba para nadie. 


Siempre tuve espíritu justiciero. Cómo hubiera querido repeler balas y tener el lazo de la verdad para que confiesen los mentirosos. 

No le decía nada a nadie pero en mi cuarto giraba como ella para transformarme y me frustraba al comprobar que "conmigo" no funcionaba el poder de conversión (de humana a heroína) hasta que charlando con compañeritas, pregunté con disimulo, si ellas habían intentado transformarse y algunas, para mi alivio, confesaron haber creído en tal posibilidad. 

Era y soy ansiosa. Los regalos del Día del Niño, cumpleaños, de mi santo, Papá Noel y Reyes, me los debían dar antes, porque sino, me ponía a revisar la casa.  Me querían hacer dormir la siesta y era imposible (hoy en día tampoco lo logro), fingía que dormía y solo esperaba que pasaran las horas. 


Conforme fui creciendo, la ingenuidad fue desapareciendo pero redoblé esfuerzos para no abandonarla del todo, por no crecer completamente, por no ser una adulta típica. 

Para lo único que quería crecer era para usar los zapatos de "las grandes"...



Algo de niña conservo y parece que es muy notorio, porque mi hijo suele decirme: "ella se hace la seria pero es una nenona". 

¿Nenona yo?

Si sentí piedad por algunas actitudes de mis padres, mi hijo, debe tener el mismo sentimiento hacia mí, lo evidencian sus comentarios.  Sé que eso de mostrarnos humanos, de exhibir las debilidades, es, en un punto, beneficioso, hermana.  Además, cuando uno ama a otro, ama hasta sus defectos.

Ya era grandecita cuando una tarde de diciembre, mientras jugábamos, pregunté al grupo de chicas con las que estaba qué le habían pedido a Papá Noel.  La ingenuidad ajena, a la gente que no la tiene, la irrita. Unas chicas más grandes, hermanas de mis amigas, fueron crueles queriendo serlo, se convirtieron en Refutadoras de Leyendas (como dice Dolina) y soltaron impías: "los Reyes son los padres". 

Ya lo había escuchado antes, así que les dije: "pero eso no es cierto, no puede ser...".  Pero miré a mi mejor amiga a los ojos y ella bajó la mirada. Esa fue la confirmación que no quería recibir. Salí corriendo y entré en casa desesperada. Mis padres se asustaron. Cuando comenté el motivo de mi aflicción, se miraron, como pidiéndose permiso mutuamente para desilusionarme.

Mi mamá tomó la posta y dijo simplemente "es verdad, no te lo queríamos decir".  Lloré mucho, estaba angustiada, pero no tanto como con mi primera gran desilusión: la de sabernos mortales. 


Y me costó asimilarlo, tanto como incorporar la idea de la redondez de la Tierra...


Bueno, nos vamos a morir todos y los Reyes son los padres...¿alguna sorpresita más? 

Sí, hubieron más desilusiones...

pero ninguna como aquéllas

Ya de adulta, me tocó ser madre ingenua de un hijo cancherito. El nene iba creciendo y no hacía preguntas acerca de los Reyes, ni de la muerte, lo único que quería saber era cómo los espermatozoides pasaban de un cuerpo a otro. 

Una vez, delante de una señora "seriota", cuando lo golpearon con una pelota en la zona de los genitales mi hijo gritó "¡ay, me golpearon los hijitos!", la mujer me miró azorada y pensé "¡bueno, en casa tenemos humor señora!".

El nene ya tenía edad de saber "la verdad" y mi papá, mientras estábamos sentados en una mesa de un fin de año, me miró y me dijo: "este chico ya sabe la verdad y no te quiere decir para no desilusionarte".   Ah bueno, lo que me faltaba. ¿Me cuidaron mis padres y ahora me cuida mi hijo?, pensé.

Tuve una charla con el nene y confirmó lo que pensaba mi padre, sabía todo, se había enterado por amigos, solo que el motivo de su simulación no era tan altruista, en realidad temía dejar de recibir buenos regalos. ¡Ay, mi materialista!.

Volviendo a mi niñez, mi madre, aún después de que me casé, me seguía haciendo los regalos de siempre en todas las fechas del año que ameritaban un regalo. 

¿Qué más tuvo mi infancia? En ella aprendí lo principal y prácticamente sola aunque no en soledad, como una autodidacta que se forma con la experiencia, que decide lo que quiere aprender y lo que no,  interactuando y jugando. 

Si bien nací en una familia humilde, mi madre se asustaba porque a mi no me importaba la condición social de mis amigas (eso lo mantuve toda la vida). 

 Mi mejor amiga vivía en una casilla y me gustaba oficiar de defensora si la discriminaban, no me importaba pelearme con las "divinas". 

"¿vos qué andás diciendo de ella?"

Las maderas que formaban las paredes de la casilla estaban agujereadas, por allí cuando había viento entraba "chiflete" (palabra que le causa gracia a mi hijo y yo no encuentro reemplazo),  temblaban los días de mucho viento y eran un hornito en verano. A mí, me conmovía todo eso. 

Yo coloreaba mi Macondo

Ella no conocía al papá y la criaba la abuela, que era el clon de Patora. Una señora entrada en años y en carnes, alta, de pelo renegrido largo y trenzado, de nariz ganchuda, de andar cansino y santiagueña.

Patora

Una tarde de lluvia, nos refugiamos en su casita. La abuela nos trajo una bandeja con algo que yo ignoraba qué cosa era. Tenían forma de nenes (cual galletitas de jengibre) y estaban espolvoreados con azúcar. 

Esta era su forma...



Al probarlas sentí que era lo más rico que había comido en mi vida. Ya de adulta leí un asombro similar que tuvo Borges al comer por primera vez ravioles. No conocía su nombre y le contó a su madre que había comido como unos "almohadoncitos" muy ricos. 

Terminado mi banquete y llegado el momento de volver a casa, me dirigí feliz a contarle la novedad a mi madre:  "la abuela de Lily nos hizo algo muy rico, una masa con forma de nenes, quiero que me lo hagas". Hay que tener cuidado con lo que se desea, eso lo supe después.

Mi madre sé que sintió envidia pero quiso disimularlo. Asintió y al otro día le preguntó a la señora qué me había hecho que me había gustado tanto. 

La mujer dijo sin asombro, con su imperturbable sencillez y con su tonada: "eran tortas fritas".

Mi madre sintió más bronca todavía, me miró con furia, como diciendo: "¿tanto lío por una torta frita?".

Por complacerme le pidió la receta.  La abuela usaba el ojímetro, parece, ya que no fue muy precisa: "un poco de harina, sal y grasa", le dijo.

Ya en casa mi madre me quiso desalentar refiriéndose despectivamente a las tortas fritas.  Dijo que eran algo muy "económico" y "común". "Común pero rico", retruqué (no me toquen las tortas fritas, pensé), que desde ese día, junto con las empanadas fritas de la feria y las "bolas de fraile" (berlinesas que le digan otros), se convertían en mi fuente de grasa preferida. Menos mal que en la infancia no tenía prejuicios. En los gustos gastronómicos fue en lo que más cambié.

Volviendo al tema de las tortas fritas, mi madre intentó complacerme. Pero ella no iba a usar grasa, me lo advirtió, era modesta pero paqueta. Y yo no pensé que esa modificación fuera a ser tan calamitosa.  Pero ella siguió introduciendo cambios en la receta original.  Tenía una obsesión con la harina Blancaflor (que arruinaba todas las recetas que no llevaban harina leudante, como la pizza, que le salía como un bizcochuelo) y adoraba la manteca (que yo, francamente, no tolero), cambió los dos y únicos ingredientes de la receta y con eso cambió todo, hizo otra cosa, produjo una hecatombe.  

Fue así como aprendí a cocinar, fue en defensa propia. Y no sólo eso. Aprendí que no hay nada como esforzarme yo misma para alcanzar mis sueños y complacerme...


Un día, a la vuelta del colegio, entré a casa y olí algo raro y repugnante en el aire.  Mi madre contenta me esperaba con tortas fritas "redondas" fritas en "manteca"

Yo era modosita pero sentía que ya no soportaba más decepciones en mi corta pero intensa vida.  Le reproché el formato: "pero no tienen forma de nenes"-hasta debo haber puchereado-.  Pregunté de dónde venía ese olor y me dijeron que era de la manteca  
al calentarse.  

Recuerdo que pensé "estoy condenada a  depender de la abuela de Lily para poder seguir comiendo tortas fritas".  Igualmente, le sugerí a mi madre que probara de hacerlas con grasa y lamentablemente, me hizo caso. 

Era muy voluntariosa (en eso sí salí a ella). Compró grasa "la mejor que encontró" dijo como atajándose y dejando claro que ella apuntaba a lo mejorcito e intentó, con todo su amor, imitar la delicia de la casa vecina, sin éxito, claro.  El resultado fue algo incomible para mí, aunque mi papá les hizo honor, ya que como buen gallego le hace honor casi a cualquier comestible porque ellos "pasaron necesidades en Europa".

 Moralejas que extraje en ese momento: "la mejor grasa es la peor", "la comida de pobre hay que hacerla como la hacen los pobres" y "hay recetas que sólo se dan en ciertas manos" (tal vez no pensé exactamente eso en mi niñez, pero algo parecido sentí y hoy le pongo palabras).

Pero no la juzgo, yo misma, nunca pude alcanzar la gloria de esas tortas fritas, las probé en diversos sitios, intenté hacerlas, pero nunca volví a encontrar esa perfección.  Como tampoco nunca pude hacer ni encontrar quien haga los ajíes rellenos que me hacía mi mamá (una de las cosas que le salían ricas) y que son ya, una verdadera añoranza. 

La vida me puso límites contundentes. Me supe mortal, supe que no existían ciertas cosas y aprendí a vivir con eso, pero me guardé algunas inocencias como provisión para el futuro. 


Por eso levanto muros y no dejo pasar a cualquiera para preservar lo que me queda de una profanación más, que tal vez, no resistiría. Hay gente que disfruta haciendo añicos ilusiones ajenas. 

 No viví exactamente lo que dice esta canción, pero se parece mucho a las sensaciones de mis primeros años... y a la nostalgia con que repaso mi pasado.



Feliz Día del Niño señoras y señores, tengan la edad que tengan...

¿Gustan na gallinita?