Este blog no tiene un fin económico. Rescato objetos del olvido. Escribo sobre la Ciudad, sus comercios antiguos, su historia, sobre personas que ya no están y sobre lo que dejaron. Si algún comentario mío molestara a alguien, contactarse y el comentario será eliminado.

domingo, 9 de julio de 2017

Negocios Antiguos: Café Paulista(1), Café Los Inmortales (antes de 1905-1915) Pizzería Los Inmortales (1)


Café Brasil, Café Los Inmortales
Pizzería Los Inmortales

A comienzos del siglo XX en la calle Corrientes 920/2 (casi esquina Suipacha) hubo un café llamado Brasil también conocido como Paulista (no confundir con el Paulista que estuvo en la calle Florida entre Perón y Sarmiento vereda Este).  En él cantó Carlos Gardel. Al lado se encontraba el bar El Germinal.   En una época se llamó Copetín de Corrientes pero pasó a la inmortalidad justamente como Los Inmortales.  Reunía a la farándula, estaba en la misma cuadra que el teatro El Nacional (construido en 1906).  Hoy hay en su lugar una sastrería llamada Cervantes



Don León Desbernats

Don León Desbernats, nació en Francia, llegó a la Argentina en 1892, cuando aún no había cumplido 15 años.  Su padre tenía una colchonería en la calle Artes, hoy Carlos Pellegrini.

Había viajado en el "La Plata". Le gustó el país y decidió quedarse.  Se casó muy joven. Tuvo dos hijos.  

León tuvo diversos trabajos en Buenos Aires.  Fué colchonero, después hizo bordados a máquina y más tarde se empleó como vendedor en la Gath y Chaves, donde tenía 90.000 corbatas a su cargo. Ambicioso, sostenía orgullosamente que podía vender "cualquier cosa".


La contratación

Don Calixto Milano adquirió el bar que iba a ser Los Inmortales por mil doscientos pesos. Allí se reunía la bohemia literaria, que resignaba la cena y la reemplazaba por las tertulias y una taza de café.

Durante años fue el refugio de periodistas, que iniciaban su recorrido noctámbulo en La Helvética de Corrientes y Florida donde el dueño era el ingles Eugenio Gerard.  Este lugar fue el primero de la zona céntrica donde tocó una orquesta de jazz.

Hacia fines de 1905, estando en Gath y Chaves, Calixto le ofreció el cargo de gerente del café al francés.  El "Café Brasil" no caminaba.

—¿Cuánto gana usted en Gath y Chaves? —le preguntó Calixto.
—250 pesos.
—Para mi es mucho dinero. Mi negocio no da para tanto.

Y para probar que no mentía, Milano le mostró los libros del café: las ventas en días de semana apenas llegaban a 12 pesos, que aumentaban a 18 pesos los sábados y domingos.

A León le gustó el "Café Brasil", y decidió aventurarse.  Aceptó 90 pesos mensuales, con la condición de que a los tres meses ganaría el triple y de que el sueldo iría mejorando en la medida que aumentasen las ventas.  Impuso como condición efectuar reformas en el local, las mismas se hicieron en 8 días y costaron 900 pesos.  Modificaron la fisonomía del café que hasta entonces ostentaba en una de sus vidrieras un retrato de Alberto Santos Dumont, el famoso aeronauta brasileño.  El "grano o molido" que vendía el Café Brasil llevaba ese nombre como marca: "Santos Dumont".


Los primeros "inmortales"

Desbernats mejoró el servicio. Buena atención, la limpieza y excelente calidad de la mercadería despachada. 

Pese al cambio, el "Café Brasil" siguió un par de semanas casi tan desierto como antes. La gente pasaba, miraba, veía sillas y mesas desocupadas y seguía de largo.

Hasta que un día entraron unos estudiantes con más hambre que dinero.  Confesaron al mozo que los atendió que no tenían plata y pidieron "crédito" para tomar "un completo" cada uno.  El mozo transfirió el problema a don León y éste se acercó, sonriente a la mesa.

—Pueden servirse y volver.  Paguen cuando tengan.  Y no dejen de hacer propaganda a la casa.

Los estudiantes volvieron muchas veces. Algunos pagaron sus deudas y otros quedaron como deudores eternos, pero todos hicieron propaganda.

El "Café Brasil" dejó de mostrar apariencia de desierto y poco a poco, a la vista de las mesas ocupadas, los empleados de la zona comenzaron a confirmar la excelencia de su "completo".  A los dos meses estaba "lleno" y eso sucedía a diario.  El negocio marchaba.

El nuevo socio servía a los artistas un copioso desayuno por 15 centavos.  Los beneficiarios sostenían que, gracias a esa generosidad, ellos serían "inmortales".  Para Florencio Sánchez, la inmortalidad de la mayoría de los concurrentes habituales era la del milagro de subsistir sin comer.  Don León bautizó Los Inmortales al bar.

Los primeros "inmortales" fueron entre otros Florencio Sánchez, Evaristo Carriego, Héctor Pedro Blomberg, Mario Bravo, Carlos M. Pacheco y Edmundo Guibourg.  Don León no sospechaba, siquiera que asistía a la formación de un nuevo y pequeño grupo olímpico.  Por Florencio Sánchez y Evaristo Carriego don León mostró siempre predilección, los invitaba a comer pucheros en un restaurante vecino.

A los primeros "inmortales" siguieron otros.  Allí podía verse a José Ingenieros, Roberto Payró, Alfredo L. Palacios, Gregorio de Laferrére, Ángel de Estrada, Horacio Quiroga, Manuel Gálvez, Ricardo Rojas, Enrique García Velloso, Jacinto Benavente, Enrico Caruso, Tita Ruffo, Jean Jaurés, Ramón del Valle Inclán y fueron concurrentes, Rubén Darío, Charles de Soussens, Carlos de la Púa, Elías Alippi, César Ratti, Agustín Magaldi, Pedro Noda, Ernesto Famá, Francisco Canaro, Pichuco, Edmundo Rivero, Juan D´Arienzo, entre otras famosas figuras.

La única mujer era Ángela Tesada, conocida actriz que inspiró grandes pasiones y fue tal vez, la primera mujer que en Buenos Aires se animó a fumar en público.

Según todos los testimonios, el "Café Brasil" cobró rápida notoriedad y siempre podía verse a don León con sus suaves modales, atento y cortés con todo el mundo y encantado de poder auxiliar a los más necesitados.

Monsieur León era un inmortal silencioso, de "los que callan". 

En  "Los Inmortales" se gestó la fundación de la Sociedad Argentina de Autores, que a través de diversas etapas pasó a ser la actual Argentores, si bien la entidad nació en la casa de Enrique García Velloso, el 11 de setiembre de 1910.  Mientras los empresarios y a veces los actores ganaban fortunas, los autores se morían de hambre.

La gloria del café fué breve. Acabó tan pronto como don León Desbernats lo abandonó. Y acabado el brillo de una década, el café  de "Los Inmortales" cerró sus puertas.


El viaje de León

Don León Desbernats dejó "Los Inmortales" el 30 de mayo de 1915. Había estallado la Primera Guerra Mundial y don León quiso cumplir con su deber en la defensa de Francia.  Con su familia -mujer y dos hijos- se embarcó en el "Garibaldi" de regreso a Europa, navegando a oscuras hasta Dakar para eludir a los submarinos alemanes.  Tardó 30 días en llegar a Génova.  En Italia se enfermó y se instaló en la aldea de Condobe, tardó 10 meses en reponerse.  Recuperado, siguió viaje a Francia. 

El regreso de Don León

En 1919 retornó a la Argentina, donde casi todos los amigos lo creían muerto. Volvió con la familia, menos su hijo Emilio, que quedó en Francia.  Un periodista del viejo grupo de "Los Inmortales" se alegró al encontrarlo y publicó en "La Montaña" una nota con el titulo "Don León en Buenos Aires", lleno de referencias cariñosas para el francés protector de artistas y escritores.

Don León se empleó de nuevo en Gath y Chaves como vendedor de perfumería, puesto en el que permaneció solamente medio día, porque a su jefe le molestó su aire risueño. Pasó a juguetería y después renunció.

Se hallaba sin trabajo cuando encontró a un amigo que le dijo que fuera a ver a don Pedro Robertie, propietario de la cadena de casas de venta de café "A los Mandarines".  Don Pedro Robertie le hizo examinar distintas clases de café, comprobando los conocimientos de León Desbernats en la materia y le dio trabajo.  Esto era en febrero de 1920. Desde entonces se produjo el gran crecimiento de la empresa. 

Nuevo viaje a Europa

En 1938 viajó de nuevo a Francia con los suyos, radicándose en la casa de la familia, en los Pirineos. Lo sorprendió la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana de Francia. "Aquello fué muy duro", dijo don León.  Para sobrevivir, sembraban papas y soja "más nutritiva que la carne". Su hija Lina arrancaba las papas con las manos, debajo de la fría superficie de la tierra. A veces se alimentaban con una harina de mala calidad.


Vuelta a Buenos Aires

Don León regresó a la Argentina en abril de 1946, feliz de encontrarse en "El Recuerdo", la quinta de San Miguel en la que el jardín y el huerto eran cultivados con sus manos. 

Cerca del lugar donde funcionó el café —no exactamente en el 920 de Corrientes—, una placa de bronce colocada en 1951 por el Club Amigos del Teatro dice en homenaje al Café de los Inmortales que fué "lugar de gesta de una gran cultura artística argentina".



Pizzería Los Inmortales desde 1951

Los fundadores fueron Felipe Fiorellino y Francisco ''Chiche'' Di Ciancia


Av. Corrientes 1369


En 1951 abrió sus puertas, en Corrientes 1369 una pizzería que se convirtió en un clásico de Buenos Aires.  Los propietarios pudieron reunir el sabor casero que comían en sus casas natales italianas con el espíritu tanguero de la noche porteña.  Para ello se inspiraron en el ambiente del legendario café Los Inmortales, que a principios del siglo XX nucleaba a los artistas de la Corrientes angosta. La pizzería tomó el nombre del café y se convocó a las figuras del cine y del teatro para que probaran sus exquisiteces.

La familia fundadora era originaria de Italia, mas precisamente Castronovo, ciudad cercana a Nápoles (donde nació la pizza).  Uno de los personajes de esta familia y fundamental para esta pizzería fue Doña Rosa, una especialista en pizzas.

Al migrar a nuestro país junto su marido, Vicente di Ciancia, y sus hijos (Francisco, Adela, Américo y José), Doña Rosa continuó perfeccionando sus recetas y deleitando a familiares y amigos.

Su hija Adela se puso de novia con Felipe Fiorellino, un joven proveniente de una familia de bajos recursos que ya a los diez años trabajaba como repartidor de carne y lustrador de zapatos.

La simpatía de Felipe era tal que al poco tiempo de comenzar su relación con Adela, tanto Doña Rosa como el resto de sus hijos comenzaron a forjar una relación muy cercana con él. Entre ellos especialmente, Francisco o ''Chiche'' como lo solían llamar.  Ambos comenzaron como socios a experimentar el mundo de los negocios y abrieron un café & restaurant que dio origen a ''Los Inmortales''.

En un principio, Los Inmortales no preparara pizzas y la situación financiera no era buena.  Frente a esto, ambos amigos y socios le propusieron a Doña Rosa que les preparara sus pizzas a la piedra.

Una generación de escritores, artistas y bohemios volvió a congregarse en sus mesas. Muchos de esos artistas están retratados en las galerias fotográficas de la pizzería.

Por sobre el mostrador, al fondo del local, se destaca el mural pintado en 1955 por Carlos Leonetti, que muestra a Carlos Gardel, de pie y sonriente con galera y bastón, delante de una perspectiva de la Av. Corrientes con la vista del Obelisco, un símbolo porteño.  Por sobre la fachada del local, sobre Corrientes casi Uruguay, un gran cartel repite la imagen pese a que Gardel murió antes de la construcción del Obelisco. Leonetti pintó el mural en la terraza de la pizzería.

Concurrieron Liza Minelli, Charles Aznavour, Iris Marga, Aníbal Troilo y Marcello Mastroianni entre otros.


Objeto de mi colección



Posterior a 1986

En ese año se abrió la sucursal de Lavalle




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