Este blog no tiene un fin económico. Rescato objetos del olvido. Escribo sobre la Ciudad, sus comercios antiguos, su historia, sobre personas que ya no están y sobre lo que dejaron. Si algún comentario mío molestara a alguien, contactarse y el comentario será eliminado.

miércoles, 12 de abril de 2017

44 Bar Notable La Biela (1850-sigue abierto) (5) ex La Pulpería del Vasco Michelena ex Café La Veredita ex Aero Club Bar


La Biela 

El más antiguo de la Ciudad, a pesar del nombre, un lugar distinguido

En 1999 el Café La Biela fue declarado Lugar de Interés Cultural de la Ciudad de Buenos Aires



Av. Quintana 600 (en la esquina de Quintana y Roberto M. Ortiz), Recoleta 

En un tiempo no todos podían entrar a esta confitería de Recoleta, exigía elegancia y “pertenecer”. 

Ya no es un bar para "playboys".

Sigue siendo un lugar de encuentro y por ella pasaron varias generaciones de argentinos, siempre atrajo a políticos, escritores, artistas, actores y celebridades.

Ubicado en una de las esquinas más lindas del barrio de la Recoleta, a cien metros de la Iglesia del Pilar y del Cementerio. 

La Biela, llamada así desde 1942, tuvo otros nombres a lo largo del tiempo.
A mediados del siglo XIX Recoleta era una zona de tierras de cultivo y en el sitio que hoy ocupa el café había un almacén de ramos generales llamado La Pulpería del Vasco Michelena.
En 1850 se inagura en esa esquina un pequeño cefé, conocido como La Veredita.
Entre la década del 30' y los primeros años de los 40' fue el Aero (club) Bar debido a su popularidad entre los miembros de las cercana Asociación Civil de Pilotos Argentinos liderada a inicios del siglo XX por Jorge Newbery.
Luego pasó a llamarse La Biela Fundida (Roberto “Vitito” Mieres, en una “picada” automovilística, a principios de los 40, había fundido una biela justo en la esquina de Quintana y Junín, donde se reunían por entonces los jóvenes “tuercas”).

La Biela adquirió su actual nombre en 1950, cuando se convirtió en un lugar de encuentro de los amantes del automovilismo, incluyendo al "Chueco" Juan Manuel Fangio (pentacampeón del mundo en Fórmula 1 (hasta que tras su muerte -casi medio siglo después - en el 2003- fue superado por Michael Schumacher), y para los amantes de este deporte.

Por sus mesas desfilaron Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Julio Cortázar, "Manucho" Mugica Láinez, Pepe Iglesias, Guy Williams, Analía Gadé, Dalmiro Sáenz, Miguel Briante, "Landrú", Martha Mercader, entre otros.


Emoción de caminar la misma vereda que caminaban Borges, Bioy, Cortázar. A lo lejos se ve la figura de Oscar Gálvez

Hermoso homenaje

Lo primero que vi al ingresar, me dieron ganas de persignarme 

(la biela tallada en cada silla)

El enorme salón es uno de los espacios más espaciosos que ofrece un bar en Buenos Aires.

Mesas separadas que favorecen la intimidad y las conversaciones.

El mozo que me atendió con experiencia, un canchero respetuoso. Me encantó.

Bielas por todos lados


Foto de Bioy con los mozos y un señor sin moño que a mi entender debió ser uno de los dueños del lugar

Mesas redondas o cuadradas, en el salón o en la terraza bajo el histórico gomero en la plaza, lo importante es pasar por La Biela, conocerla, disfrutarla.


Desayuno para dos...normal, nada especial

Mi ristretto intenso


El quiosco de diarios en la esquina de La Biela

Aquí se enteró Bioy que en Suiza había muerto su amigo Jorge Luis Borges

Lo cuenta él mismo

Anécdota que Bioy cuenta en primera persona

"Almorcé en La Biela, con Francis. Después decidí ir hasta el quisco de Ayacucho y Alvear, para ver si tenía Un experimento con el tiempo. Quería un ejemplar para Carlos Pujol y otro para tener de reserva. Un individuo joven, con cara de pájaro, que después supe que era el autor de un estudio sobre Eddas que me mandaron hace meses, me saludó y me dijo, como excusándose: "Hoy es un día muy especial". Cuando por segunda vez dijo esa frase le pregunté: "¿Por qué?". "Porque falleció Borges. Esta tarde murió en Ginebra", fueron sus exactas palabras. Seguí mi camino. Pasé por el quiosco. Fui a otro de Callao y Quintana, sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges. Que a pesar de verlo tan poco últimamente yo no había perdido la costumbre de pensar: "Tengo que contarle esto. Esto le va a gustar. Esto le va a parecer una estupidez". Pensé: "Nuestra vida transcurre por corredores entre biombos. Estamos cerca unos de otros, pero incomunicados. Cuando Borges me dijo por teléfono desde Ginebra que no iba a volver y se le quebró la voz y cortó, ¿cómo no entendí que estaba pensando en su muerte? Nunca la creemos tan cercana. La verdad es que actuamos como si fuéramos inmortales. Quizá no pueda uno vivir de otra manera. Irse a morir a una ciudad lejana… tal vez no sea tan inexplicable. Cuando me he sentido muy enfermo a veces deseé estar solo: como si la enfermedad y la muerte fueran vergonzosas, algo que uno quiere ocultar".
Yo, que no creo en otra vida, pienso que si Borges está en otra vida y yo ahora me pongo a escribir sobre él para los diarios, me preguntará: ¿Tu quoque?.

En Descanso de Caminantes
Sudamericana, Buenos Aires

Pudieron coexistir en La Biela integrantes del mundo de los fierros, intelectuales que protagonizaron el boom de la literatura latinoamericana de los años 60', referentes del arte pop, grupos de músicos de la nueva ola, exponentes de la música culta experimental contemporánea, empresarios, sindicalistas, terratenientes, políticos, cirujanos, productores rurales, señoras de alta sociedad, banqueros, padres de familia, gente del espectáculo, militares, visitantes del país.

En sus paredes una pintura naif de Anikó Szabó, fotos de Julio Cortázar, Marylin Monroe, Carlos Gardel, John Lennon y Oscar "Ringo" Bonavena (algunas están de más). 

En 1983 Aniko inauguró la “Exposición Urbana de Anikó Szabó”, en la terraza del bar La Biela para una conocida marca de whisky. 

La Recoleta tuvo su pasado bravo, cuando los problemas entre guapos hacían que las fiestas de la Virgen del Pilar terminaran en sangre.

La Biela atrajo un público heterogéneo y en el Cementerio también  descansan los protagonistas de nuestro pasado absurdo, contradictorio, valeroso, traicionero, genial, heterogéneo.  

Como señoritos ingleses en la Biela se aplaudió con dignidad un gol hecho a un arquero argentino en un mundial y se festejó con moderación cuando se le ganó a otra selección.

Discépolo encontró inspiración en sus mesas que nunca preguntaron, aunque era asiduo visitante de otro Bar Notable (Los Galgos).






Objetos de mi colección








Cenicero

Sobre de azúcar

Servilletas (3)


Una esquina verdaderamente porteña o una falsa londinense, como quiera verse.


Hasta un próximo post


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