Este blog no tiene un fin económico. Rescato objetos del olvido. Escribo sobre la Ciudad, sus comercios antiguos, su historia, sobre personas que ya no están y sobre lo que dejaron. Si algún comentario mío molestara a alguien, contactarse y el comentario será eliminado.

domingo, 9 de julio de 2017

Negocios Antiguos: Café Brasil, Café Paulista, Copetín de Corrientes, Café Los Inmortales (antes de 1905-1915) (1) Pizzería Los Inmortales


Café Brasil, Café Los Inmortales
Pizzería Los Inmortales

A comienzos del siglo XX en la calle Corrientes 920/2 (casi esquina Suipacha) hubo un café llamado Brasil también conocido como Paulista (no confundir con el Paulista que estuvo en la calle Florida entre Perón y Sarmiento vereda Este).  En él cantó Carlos Gardel. Al lado se encontraba el bar El Germinal.   En una época se llamó Copetín de Corrientes pero pasó a la inmortalidad justamente como Los Inmortales.  Reunía a la farándula, estaba en la misma cuadra que el teatro El Nacional (construido en 1906).  Hoy hay en su lugar una sastrería llamada Cervantes



Don León Desbernats

Don León Desbernats, nació en Francia, llegó a la Argentina en 1892, cuando aún no había cumplido 15 años.  Su padre tenía una colchonería en la calle Artes, hoy Carlos Pellegrini.

Había viajado en el "La Plata". Le gustó el país y decidió quedarse.  Se casó muy joven. Tuvo dos hijos.  

León tuvo diversos trabajos en Buenos Aires.  Fué colchonero, después hizo bordados a máquina y más tarde se empleó como vendedor en la Gath y Chaves, donde tenía 90.000 corbatas a su cargo. Ambicioso, sostenía orgullosamente que podía vender "cualquier cosa".


La contratación

Don Calixto Milano adquirió el bar que iba a ser Los Inmortales por mil doscientos pesos. Allí se reunía la bohemia literaria, que resignaba la cena y la reemplazaba por las tertulias y una taza de café.

Durante años fue el refugio de periodistas, que iniciaban su recorrido noctámbulo en La Helvética de Corrientes y Florida donde el dueño era el ingles Eugenio Gerard.  Este lugar fue el primero de la zona céntrica donde tocó una orquesta de jazz.

Hacia fines de 1905, estando en Gath y Chaves, Calixto le ofreció el cargo de gerente del café al francés.  El "Café Brasil" no caminaba.

—¿Cuánto gana usted en Gath y Chaves? —le preguntó Calixto.
—250 pesos.
—Para mi es mucho dinero. Mi negocio no da para tanto.

Y para probar que no mentía, Milano le mostró los libros del café: las ventas en días de semana apenas llegaban a 12 pesos, que aumentaban a 18 pesos los sábados y domingos.

A León le gustó el "Café Brasil", y decidió aventurarse.  Aceptó 90 pesos mensuales, con la condición de que a los tres meses ganaría el triple y de que el sueldo iría mejorando en la medida que aumentasen las ventas.  Impuso como condición efectuar reformas en el local, las mismas se hicieron en 8 días y costaron 900 pesos.  Modificaron la fisonomía del café que hasta entonces ostentaba en una de sus vidrieras un retrato de Alberto Santos Dumont, el famoso aeronauta brasileño.  El "grano o molido" que vendía el Café Brasil llevaba ese nombre como marca: "Santos Dumont".


Los primeros "inmortales"

Desbernats mejoró el servicio. Buena atención, la limpieza y excelente calidad de la mercadería despachada. 

Pese al cambio, el "Café Brasil" siguió un par de semanas casi tan desierto como antes. La gente pasaba, miraba, veía sillas y mesas desocupadas y seguía de largo.

Hasta que un día entraron unos estudiantes con más hambre que dinero.  Confesaron al mozo que los atendió que no tenían plata y pidieron "crédito" para tomar "un completo" cada uno.  El mozo transfirió el problema a don León y éste se acercó, sonriente a la mesa.

—Pueden servirse y volver.  Paguen cuando tengan.  Y no dejen de hacer propaganda a la casa.

Los estudiantes volvieron muchas veces. Algunos pagaron sus deudas y otros quedaron como deudores eternos, pero todos hicieron propaganda.

El "Café Brasil" dejó de mostrar apariencia de desierto y poco a poco, a la vista de las mesas ocupadas, los empleados de la zona comenzaron a confirmar la excelencia de su "completo".  A los dos meses estaba "lleno" y eso sucedía a diario.  El negocio marchaba.

El nuevo socio servía a los artistas un copioso desayuno por 15 centavos.  Los beneficiarios sostenían que, gracias a esa generosidad, ellos serían "inmortales".  Para Florencio Sánchez, la inmortalidad de la mayoría de los concurrentes habituales era la del milagro de subsistir sin comer.  Don León bautizó Los Inmortales al bar.

Los primeros "inmortales" fueron entre otros Florencio Sánchez, Evaristo Carriego, Héctor Pedro Blomberg, Mario Bravo, Carlos M. Pacheco y Edmundo Guibourg.  Don León no sospechaba, siquiera que asistía a la formación de un nuevo y pequeño grupo olímpico.  Por Florencio Sánchez y Evaristo Carriego don León mostró siempre predilección, los invitaba a comer pucheros en un restaurante vecino.

A los primeros "inmortales" siguieron otros.  Allí podía verse a José Ingenieros, Roberto Payró, Alfredo L. Palacios, Gregorio de Laferrére, Ángel de Estrada, Horacio Quiroga, Manuel Gálvez, Ricardo Rojas, Enrique García Velloso, Jacinto Benavente, Enrico Caruso, Tita Ruffo, Jean Jaurés, Ramón del Valle Inclán y fueron concurrentes, Rubén Darío, Charles de Soussens, Carlos de la Púa, Elías Alippi, César Ratti, Agustín Magaldi, Pedro Noda, Ernesto Famá, Francisco Canaro, Pichuco, Edmundo Rivero, Juan D´Arienzo, entre otras famosas figuras.

La única mujer era Ángela Tesada, conocida actriz que inspiró grandes pasiones y fue tal vez, la primera mujer que en Buenos Aires se animó a fumar en público.

Según todos los testimonios, el "Café Brasil" cobró rápida notoriedad y siempre podía verse a don León con sus suaves modales, atento y cortés con todo el mundo y encantado de poder auxiliar a los más necesitados.

Monsieur León era un inmortal silencioso, de "los que callan". 

En  "Los Inmortales" se gestó la fundación de la Sociedad Argentina de Autores, que a través de diversas etapas pasó a ser la actual Argentores, si bien la entidad nació en la casa de Enrique García Velloso, el 11 de setiembre de 1910.  Mientras los empresarios y a veces los actores ganaban fortunas, los autores se morían de hambre.

La gloria del café fué breve. Acabó tan pronto como don León Desbernats lo abandonó. Y acabado el brillo de una década, el café  de "Los Inmortales" cerró sus puertas.


El viaje de León

Don León Desbernats dejó "Los Inmortales" el 30 de mayo de 1915. Había estallado la Primera Guerra Mundial y don León quiso cumplir con su deber en la defensa de Francia.  Con su familia -mujer y dos hijos- se embarcó en el "Garibaldi" de regreso a Europa, navegando a oscuras hasta Dakar para eludir a los submarinos alemanes.  Tardó 30 días en llegar a Génova.  En Italia se enfermó y se instaló en la aldea de Condobe, tardó 10 meses en reponerse.  Recuperado, siguió viaje a Francia. 

El regreso de Don León

En 1919 retornó a la Argentina, donde casi todos los amigos lo creían muerto. Volvió con la familia, menos su hijo Emilio, que quedó en Francia.  Un periodista del viejo grupo de "Los Inmortales" se alegró al encontrarlo y publicó en "La Montaña" una nota con el titulo "Don León en Buenos Aires", lleno de referencias cariñosas para el francés protector de artistas y escritores.

Don León se empleó de nuevo en Gath y Chaves como vendedor de perfumería, puesto en el que permaneció solamente medio día, porque a su jefe le molestó su aire risueño. Pasó a juguetería y después renunció.

Se hallaba sin trabajo cuando encontró a un amigo que le dijo que fuera a ver a don Pedro Robertie, propietario de la cadena de casas de venta de café "A los Mandarines".  Don Pedro Robertie le hizo examinar distintas clases de café, comprobando los conocimientos de León Desbernats en la materia y le dio trabajo.  Esto era en febrero de 1920. Desde entonces se produjo el gran crecimiento de la empresa. 

Nuevo viaje a Europa

En 1938 viajó de nuevo a Francia con los suyos, radicándose en la casa de la familia, en los Pirineos. Lo sorprendió la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana de Francia. "Aquello fué muy duro", dijo don León.  Para sobrevivir, sembraban papas y soja "más nutritiva que la carne". Su hija Lina arrancaba las papas con las manos, debajo de la fría superficie de la tierra. A veces se alimentaban con una harina de mala calidad.


Vuelta a Buenos Aires

Don León regresó a la Argentina en abril de 1946, feliz de encontrarse en "El Recuerdo", la quinta de San Miguel en la que el jardín y el huerto eran cultivados con sus manos. 

Cerca del lugar donde funcionó el café —no exactamente en el 920 de Corrientes—, una placa de bronce colocada en 1951 por el Club Amigos del Teatro dice en homenaje al Café de los Inmortales que fué "lugar de gesta de una gran cultura artística argentina".



Pizzería Los Inmortales desde 1951

Los fundadores fueron Felipe Fiorellino y Francisco ''Chiche'' Di Ciancia


Av. Corrientes 1369


En 1951 abrió sus puertas, en Corrientes 1369 una pizzería que se convirtió en un clásico de Buenos Aires.  Los propietarios pudieron reunir el sabor casero que comían en sus casas natales italianas con el espíritu tanguero de la noche porteña.  Para ello se inspiraron en el ambiente del legendario café Los Inmortales, que a principios del siglo XX nucleaba a los artistas de la Corrientes angosta. La pizzería tomó el nombre del café y se convocó a las figuras del cine y del teatro para que probaran sus exquisiteces.

La familia fundadora era originaria de Italia, mas precisamente Castronovo, ciudad cercana a Nápoles (donde nació la pizza).  Uno de los personajes de esta familia y fundamental para esta pizzería fue Doña Rosa, una especialista en pizzas.

Al migrar a nuestro país junto su marido, Vicente di Ciancia, y sus hijos (Francisco, Adela, Américo y José), Doña Rosa continuó perfeccionando sus recetas y deleitando a familiares y amigos.

Su hija Adela se puso de novia con Felipe Fiorellino, un joven proveniente de una familia de bajos recursos que ya a los diez años trabajaba como repartidor de carne y lustrador de zapatos.

La simpatía de Felipe era tal que al poco tiempo de comenzar su relación con Adela, tanto Doña Rosa como el resto de sus hijos comenzaron a forjar una relación muy cercana con él. Entre ellos especialmente, Francisco o ''Chiche'' como lo solían llamar.  Ambos comenzaron como socios a experimentar el mundo de los negocios y abrieron un café & restaurant que dio origen a ''Los Inmortales''.

En un principio, Los Inmortales no preparara pizzas y la situación financiera no era buena.  Frente a esto, ambos amigos y socios le propusieron a Doña Rosa que les preparara sus pizzas a la piedra.

Una generación de escritores, artistas y bohemios volvió a congregarse en sus mesas. Muchos de esos artistas están retratados en las galerias fotográficas de la pizzería.

Por sobre el mostrador, al fondo del local, se destaca el mural pintado en 1955 por Carlos Leonetti, que muestra a Carlos Gardel, de pie y sonriente con galera y bastón, delante de una perspectiva de la Av. Corrientes con la vista del Obelisco, un símbolo porteño.  Por sobre la fachada del local, sobre Corrientes casi Uruguay, un gran cartel repite la imagen pese a que Gardel murió antes de la construcción del Obelisco. Leonetti pintó el mural en la terraza de la pizzería.

Concurrieron Liza Minelli, Charles Aznavour, Iris Marga, Aníbal Troilo y Marcello Mastroianni entre otros.


Objeto de mi colección



Posterior a 1986

En ese año se abrió la sucursal de Lavalle




jueves, 6 de julio de 2017

Adoquinado colonial en Barracas


Adoquinado colonial en Barracas
Decubierto y vuelto a tapar. 

Yo no sé qué hay que hacer, tal vez hubiera estado bueno, ya que lo descubrieron dejar el sector así, demarcado, impedir el tránsito y el estacionamiento.  Pero con seguridad, volverlo a tapar me parece una torpeza. 

Jovellanos entre Martín García y Uspallata, donde estaba la editorial Kraft


El primer hallazgo lo hizo casualmente un arquitecto al pasar por Jovellanos y Villafañe en 2008.  Detectó que operarios que realizaban trabajos de bacheo retiraban una capa de asfalto y al hacerlo quedaba al descubierto un empedrado de la época virreinal.

El descubrimiento tuvo repercusión en varios medios que reflejaron su importancia histórica y arqueológica y los trabajos de bacheo se detuvieron hasta decidir de qué manera podría aprovecharse.

La calle antiguamente se llamadaba España y en otro sector asomó el empedrado antiguo como en Jovellanos entre Av. Martín García y Uspallata

Otro vecino dio cuenta de la entrada del garage de una casa  ubicada en Isabel La Católica 440 (entre Pinzón y Aristóbulo del Valle) donde se puede ver el mismo adoquinado. 


Se nota que lo volvieron a tapar en las marcas debajo de los autos



Isabel La Católca 440 Puerta Garage

Adoquinado antiguo


Información y primera imagen obtenida del sitio   

http://protegerbarracas.blogspot.com.ar/2009/01/mas-historia-debajo-del-asfalto.html

sábado, 27 de mayo de 2017

Casa de Liniers hoy convertida en restaurante (fines del siglo XVIII)


Casa de Liniers 
Una de las casas más antiguas de Buenos Aires, construida hacia fines del siglo XVIII,  En esta casa Beresford firmó la capitulación.  Declarado Monumento Histórico Nacional en 1942. 

barrios
Venezuela 469 

De la construcción original sólo se conservan la fachada y unas pocas paredes. Su primer propietario fue Martín Simón de Sarratea, suegro de Santiago de Liniers y penúltimo Virrey del Río de la Plata.

Aquí se trató la capitulación del general inglés Beresford luego de una de las fallidas invasiones inglesas en 1806.

Hasta no hace mucho fue propiedad de la Editorial Estrada que debió conservarla como dictan las normas de conservación del Patrimonio Nacional.

La familia Estrada desciende de Liniers. Ángel Estrada, fundador de la editorial cuya sede fue construida en un terreno adyacente, con frente sobre la calle Bolívar, y poseía además un tercer terreno que habían transformado en estacionamiento de automóviles.  

Mansión e imprenta de Don Ángel Estrada (1878)

A comienzos de 2009 la editorial puso en venta sus tres propiedades, con voluntad de que tuvieran utilidad pública, y la ofreció en venta al Gobierno de la Ciudad. Las propiedades no pudieron ser adquiridas en un comienzo porque la suma exigida por Estrada resultaba mayor a la que el Gobierno estaba dispuesto a pagar.

Esta casa austera era la vivienda del héroe de las Invasiones inglesas, tal vez el hombre más importante de la ciudad de esos momentos.

Es el mejor referente de una típica construcción colonial en Buenos Aires de los años 1810, y de las más lujosas que existían por aquel entonces.  De gran importancia arquitectónica porque es uno de los pocos registros que quedan de la arquitectura colonial civil, ya que solo se mantienen en pie construcciones religiosas.  .

Santiago de Liniers, encargado de la reconquista de la ciudad luego de las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, vivió en ella entre 1808 y 1809.  

El Gobierno de la Ciudad vendió cuatro propiedades que tenía en su poder, para adquirir la vivienda del virrey, la sede de Editorial Estrada y el estacionamiento.

Finalmente, la compra fue efectuada en octubre de 2010.  




La construcción colonial tiene fachada de muros gruesos blanqueada con cal, rejas sencillas y una imponente puerta de madera pintada de verde.

El resto de la decoración fue realizada por la familia Estrada en la primera mitad del siglo XX.  Sobre el frente de la casa hay colocada una placa en recuerdo a quien llegara a ser Virrey del Río de la Plata, y defensor de la ciudad.

Desde 2011 funciona allí un centro cultural. Y desde no hace mucho, un restaurante. Me parece mal que se le dé ese uso. Debería ser museo.


Hasta un próximo post. 


jueves, 25 de mayo de 2017

Negocios Antiguos: Café de los Catalanes (1799)



Café de los Catalanes 
El primer café de Buenos Aires.  Estuvo  ligado a la Revolución de Mayo.


El café de los Catalanes es considerado el primer café que se abrió en Buenos Aires.  Fundado el  2 de enero 1799, por el ligur don Miguel Delfino.  Estuvo situado en la esquina NE de la intersección de las calles Santísima Trinidad y Merced (actuales San Martín y Tte. Gral. Juan D. Perón).  

Después de la muerte de Delfino, el comercio fue transferido a Francisco Migoni, también italiano, quien lo  refaccionó y le dio impulso hacia el año 1856. 

Al local se ingresaba por la ochava, la puerta tenía forma de ojiva, del dintel de la puerta pendía un toldo que servía en temporada de lluvias para esperar los carros.  Las únicas aberturas hacia el exterior eran dos grandes ventanales que daban a cada una de las calles. 

Fue frecuentado por las familias más destacadas de la sociedad porteña.  El local contaba con una sala de gran tamaño y con patio. 

Allí se consumía café, té, chocolate, candial, horchata, jugo de naranja y bebidas alcohólicas.  La particularidad del Café de los Catalanes fue su manera de servir el café con leche: se le entregaba al cliente una medida de azúcar no refinada.  El parroquiano debía colocar primero el azúcar en el tazón y recién después, el mozo servía el café con leche hasta desbordar.  El servicio se completaba con tostadas cubiertas con manteca y una capa de azúcar.

En 1810 existió una rivalidad entre los habitués del Café de los Catalanes y los del Café de Marco. En este último se reunían los partidarios de Fernando VII, los “antivirreynales” lo hacían en el de los Catalanes.  Tengo también información que afirma lo contrario, que en el Café de Marco se juntaban los masones que querían liberar al país.  Ampliaré cuando tenga más datos.

Los primeros grupos que organizaron reacciones contra el virrey y su régimen estuvieron en el Café de los Catalanes: Pancho Planes, Víctor Fernández Grimau, Enrique Martínez, Fontuzo, Voizo y otros jóvenes que reunían a la gente para atraerla hasta el centro y así organizar manifestaciones que pedían la renuncia del virrey.  

En el año 1873  cerró sus puertas definitivamente. Hoy hay un barcito llamado Impasse y ninguna placa lo recuerda.

Hoy Café Impasse


Hasta un próximo post.


domingo, 14 de mayo de 2017

Negocios antiguos: Orologería Toscana (fecha probable entre 1822 y 1881)



Orologería Toscana

de A. de Agostini y Cia.

Cuyo 491 (actual Sarmiento) CABA

La calle Cuyo se llamó así entre 1822 y 1911.

El 4 de agosto de 1881 se instaló el primer teléfono en el país, este aviso no lo tiene, por lo que debe ser anterior.



Hoy local de Swiss Medical


sábado, 13 de mayo de 2017

Negocios antiguos: Librería de Ávila (1830-sigue abierta) ex Librería del Colegio (1)



La librería más antigua del país
1830/2016

Librería de valor patrimonial de Buenos Aires
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2003





Ex Botica Marull

Én la época virreinal en el Río de la Plata. No había farmacéuticos ni farmacias.  Pero Don Francisco Salvio Marull, que llegó a Buenos Aires a principios de 1777 ubicó en la esquina de las calles Bolívar (se llama así a partir de 1857 en esos años se llamaba Santísima Trinidad) y Alsina (se llama así a partir de 1878, se llamaba San Carlos), su botica. 

A raíz de la primera invasión  inglesa y ante la organización de un ejército voluntario para la defensa de la ciudad, Marull se dirigió al comandante de armas Don Santiago de Liniers, proponiendo a la plana mayor profesionales en su especialidad.  Se fundó así el cuerpo de farmacia, y se designó a Don Narciso Marull. Boticario Mayor y en el año 1797, el Protomedicato incorpora a Don Salvio Marull para examinar a los candidatos a boticarios.  Al fallecer él se hizo cargo su viuda de tal actividad.


Esa botica fue el primer comercio que vendió libros en la ciudad y desde 1830 pasó a ser en su totalidad una librería y uno de los centros intelectuales de la ciudad.  Por lo tanto la Librería de Ávila es el único comercio de Buenos Aires que mantiene ubicación y rubro desde tiempos coloniales.

En la botica también se vendió, en 1801, el primer periódico de Buenos Aires, El Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata.


La Librería del Colegio

En esa esquina empezó a funcionar en 1830 la Librería del Colegio que luego cambió su nombre por el de Librería Ávila (en 1994).

Alsina 500

A lo largo de los años tuvo clientes ilustres como los presidentes Bartolomé Mitre, Domingo Sarmiento y Nicolás Avellaneda y los escritores Leopoldo Lugones, Roberto Arlt, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Victoria Ocampo. Algunos de sus propietarios en el siglo XIX fueron el catalán Rafael Casagemas y el parisiense Paul Morta.


El café de Marcó

El café de Marcó empezó a funcionar el 4 de junio de 1801 en frente de la botica (en diagonal a la Iglesia).  Uno de los primeros bares que tuvo Buenos Aires. Aquí se juntaban patriotas (y masones) para elaborar estrategias para liberar el país.


Objeto de mi colección


Pin


La empresa que lo fabricó es Bastian Company Inc.  La misma funcionó entre 1895 y 2003 en Rochester, NY.  En 2003 se trasladó a California y sigue elaborando productos de prestigio.  

Por el nombre de las calles el pin es posterior a 1878. 

Y por el estilo parece de 1900


Celluloid Pin, early 1900s, reverse. Bastian Bros. Co., Rochester, NY.


En 1926, el viejo local de la librería fue demolido, y en su lugar se construyó uno nuevo de estilo ecléctico, proyectado por el arquitecto Ángel Pascual y el ingeniero Luis Migone, qie permanece en la actualidad.

Miguel Ávila -antes propietario de la librería Fray Mocho- adquirió la Librería del Colegio en 1994, y le impuso su nombre (error a mi entender), manteniendo el tradicional estilo del local y transformándolo en especializado en libros y revistas antiguos, ediciones de colección y rarezas históricas.  En el subsuelo funciona un café literario.




viernes, 12 de mayo de 2017

Negocios antiguos: Farmacia La Estrella (1834- todavía en actividad) (2)


Farmacia La Estrella (1834)
El comercio más antiguo de la Ciudad que permanece abierto y la farmacia más antigua que se tenga memoria

La más antigua del país y la primera de América del Sur, antes fue la Farmacia Santo Domingo y la Farmacia Demarchi.   Continúa en actividad.  Inaugurada en 1834 (el edificio que conocemos data de 1895).  En 1971 fue adquirida por la entonces Municipalidad de la Ciudad quien permite que funcione a condición de conservar el mobiliario y respetar el edificio. Forma parte del Museo de la Ciudad.  Por disposición gubernamental, los colectivos ya no pasan por la zona para evitar que las paredes se agrieten con las vibraciones.

En los altos del edificio en el año 1968 mi admirado arquitecto José María Peña creó el Museo de la Ciudad.  Gracias a Peña la farmacia es un museo viviente desde 1969, se le permite a la farmacia seguir funcionando respetando edificio e interior.


Edificio de 1885 en Alsina 416 Defensa 201

 Una belleza. Aún conserva su estilo y los detalles de valor estético e histórico.  Los muebles son originales.  Las vidrieras exhiben objetos cotidianos de un Buenos Aires antiguo.


La salud en la colonia

No existían farmacias en la ciudad. Los primeros boticarios fueron los jesuitas que instalaron una pequeña botica frente al paredón de San Ignacio.

Entre los siglos XVI y gran parte del XIX la gente se automedicaba, se preparaban remedios caseros, el enfermo era cuidado en su hogar y se consultaba, si era necesario, a un curandero.  Coexistió la medicina popular con la que se iría haciendo científica, en principio restringida a las élites locales, los pobres eran objeto de atención sólo en caso de peligro de epidemia.

En 1778 Buenos Aires tenía 24 mil habitantes, atendían la salud de la población sólo 9 médicos, 2 cirujanos, 6 sangradores, 5 boticarios (jesuitas que proveían de drogas como si fueran médicos)  y 48 barberos (sacaban dientes y muelas). 

En 1810 la expectativa de vida era de 45 años.  El censo de ese año decía que en la ciudad ya había 13 médicos, un practicante, 65 sangradores (incluía a los barberos), 13 boticarios y 41 cirujanos auxiliares de la medicina.

Había lepra, sífilis, tuberculosis, y la ciudad era foco de concentración y propagación de enfermedades que llegaban con los inmigrantes que viajaban sin controles sanitarios.  También las pestes surgían por  los mataderos no controlados y de la costumbre de arrojar basura a las calles. Y a los enfermos terminales se aplicaba una especie de eutanasia con métodos crueles.


El primer hospital 

Cuando Garay fundó Buenos Aires en 1580, la manzana 36 del primitivo trazado, fue asignada para el primero de la ciudad.  Estaba destinado a militares, se lo denominó “Hospital Militar San Martín de Tours”, y fue inaugurado oficialmente por Hernandarias de Saavedra en el año 1605.  Hasta mediados del siglo XVIII fue el único de Buenos Aires.  Los padres betlemitas se ocupaban de él.

Estaba ubicado en la manzana comprendida entre las calles Sarmiento y Corrientes, Reconquista y 25 de de Mayo, a cien metros del Monasterio de la Merced.   Cabe aclarar que la calle San Martín no se llama así por el Libertador, sino por el patrono de la ciudad.


Idea de Rivadavia

Bernardino Rivadavia vivía en la calle Defensa llegando a la actual Belgrano, entre el convento de Santo Domingo y la iglesia San Francisco de Asís.  Su casa todavía está en pie y ocupada por una cochera. 

A partir de 1822 Rivadavia y Manuel Moreno propiciaron el mejoramiento de la situación sanitaria.

El censo de 1826 informaba que había 39 médicos y 22 boticarios. La expectativa de vida se había extendido hasta los 53 años.  Existía el peligro de los médicos truchos.

Rivadavia invitó a venir al país a científicos. Con esa inmigración, en 1834 ingresaron muchos profesionales con el fin de trabajar en la ciudad ya independizada de España pero que aún necesitaba organizarse y desarrollarse.


Farmacia de Santo Domingo (1834)

En esas circunstancias, Rivadavia le encomendó al importante bioquímico y botánico Pablo Ferrari, italiano, que organizara un museo de historia natural.  Ferrari terminó fundando la Farmacia de Santo Domingo en 1834 (según la página de Química La Estrella fue en 1836).  Estaba frente al convento Santo Domingo (donde descansan los restos de Manuel Belgrano, quien vivía a pocos metros de allí, por la calle que hoy lleva su nombre).

Farmacia Demarchi (1838)

En 1838 adquirió la farmacia de Ferrari el barón suizo Silvestre Demarchi quien, instaló luego una droguería mayorista y un laboratorio en 1900 que llamó De la Estrella.



Farmacia Demarchi

Foto tomada del sitio http://elmuseopublicodebuenosaires1812-1862.blogspot.com.ar/2013/01/la-farmacia-la-estrella-sucesora-de-la.html si molesta su utilización contactarse y la misma será removida

En 1854 fallece Demarchi.

En 1864 Demetrio en sociedad con el norteamericano Melville S. Bagley (ex cadete de la farmacia) comienzan a formar lo que sería la compañía Bagley.

Farmacia La Estrella (1885)

En 1885 los hijos de Silvestre (Antonio, Marcos y Demetrio), asociados con el bioquímico Domingo Parodi, construyeron un edificio para una nueva farmacia en la intersección de las entonces Potosí y Reconquista (hoy Alsina y Defensa).

Así nació la Farmacia La Estrella tal como la conocemos. La colocaron en el centro social y comercial de Buenos Aires, frente a la iglesia San Francisco de Asís, a metros del convento de Santo Domingo y a metros de la iglesia San Ignacio de Loyola.  La ubicación no era casual, las campanadas de las iglesias guiaban a los vecinos hasta el negocio y me imagino que también se aseguraban concurrencia.  "No repararon en gastos" dijo Caras y Caretas.

Una característica común a todas las boticas de la ciudad de Buenos Aires iba a ser su ubicación, preferentemente en una esquina (para una fácil localización) y frente a una iglesia. 


Droguería de la Estrella (1896) primera fábrica de remedios en el país


Hacia 1860 la empresa estaba entre las más grandes de América del Sur.  Importaban drogas y en Victoria y Saavedra instalaron la primera fábrica de remedios del país.


Droguería de la Estrella Ltda. (1906)


El hijo de Demetrio, Marcos Demarchi di Demetrio estuvo a cargo de la farmacia hasta 1906 año en que traspasa el negocio a los señores Soldati, Craveri, y Tagliabue.

Se transformó en Sociedad Anónima, con el nombre de “Droguería de la Estrella Ltda.”, base de la actual Química Estrella.

En el año 1900 incorporaron luego a la droguería del Indio, la Droguería Central, la farmacia del Aguila de Buenos Aires,  la Fábrica de Productos Químicos, la droguería Inglesa de Rosario, otra de Bahía Blanca y otras del interior del país.  Hasta 1913 por lo menos la droguería del Indio pertenecía a Enrique H. Spinedi.

Droguería del Indio de Enrique H. Spinedi con domicilio en Sarmiento 902


La publicidad 

La Farmacia de la Estrella se empezó a hacer conocida, hacía publicidad sanitaria en las últimas décadas del siglo XIX.  

Caras y Caretas publicó un dibujo en el que el doctor Eduardo Wilde fumigaba las calles porteñas acompañado de un asistente mientras un ciudadano huía de los desinfectantes y la Muerte espiaba, guadaña en mano con un texto que decía "Se imponen las medidas radicales antes de que la peste nos infeste".

Sucursales

La Farmacia de la Estrella ya tenía sucursales en Montevideo, Rosario, Córdoba y San Nicolás de los Arroyos y, más tarde, otros comercios se encargaron de proveer  de medicinas a la población. 


El primer delivery

Después de la caída de Rosas en 1852 comenzó a funcionar en el país el servicio de correo privado.
Los clientes del inteior compraban y los productos eran enviados por diligencia a través de distintas empresas, entre ellas "Mensajerías Argentinas" (la primera de las empresas privadas de correos) o por la "Mensajería Ninfas del Plata". Ambas a nombre de Don Antonio Demarchi Hermanos, Calle de la Defensa no. 137, Buenos Ayres. También había una llamada "La Voladora". Los viajes eran peligrosos por los ataques de los indios y la falta de caminos adecuados. 


Preparados y Anticolérico

En el comercio más antiguo de la ciudad se producían las píldoras Parodi para la tos el jarabe Manetti para la indigestión, la limonada Roger y el aperitivo y tónico estomacal Hesperidina.

Con el brote de cólera que azotó a Buenos Aires y Corrientes, y terminada la guerra de la Triple Alianza en 1870, la botica y Droguería A. Demarchi y Hermanos" lanzó al mercado un “anticolérico” en base a quinina.

Otros productos que elaboraban fueron: la limonada Roge, las píldoras para la tos Parodi, el algodón Estrella, y el jarabe "Manetti" para curar la indigestión entre tantos otros.


El digestivo Hesperidina

Fue un aperitivo y tónico estomacal con vitamina C que trajo el norteamericano Bagley, afincado más tarde entre nosotros, y cuyo lanzamiento contó con el apoyo financiero de los hermanos Demarchi. Posteriormente y hasta el presente esta bebida ha sido comercializada como un aperitivo alcohólico, relativamente popular.en la década 30'.


Las vacunas

Saturnino Segurola aplicaba la antivariólica a la sombra de un árbol del barrio de Caballito, hoy conocido como el Pacará de Segurola en la esquina de Puán y Baldomero Fernández Moreno, a metros del parque Chacabuco.  En esa época no existían calles, sólo un gran quinta con una casona colonial donde Saturnino Segurola salvaba vidas.

Puán y Baldomero Fernández Moreno


Relación entre Demarchi y Facundo Quiroga

Una de las hijas de Facundo Quiroga, Mercedes, estaba casada con Antonio, uno de los hijos de Demarchi.

La grieta

Al morir Juan Manuel de Rosas en Southampton, Inglaterra, un grupo de seguidores del restaurador quiso organizar una misa en su memoria en Buenos Aires. El gobierno nacional se opuso a los honores (era presidente Avellaneda).   Ante el intento de homenaje, descendientes de las víctimas de Rosas, idearon profanar la tumba de Juan Facundo Quiroga (fallecido en 1835) que se halla en el cementerio del norte (hoy de la Recoleta) y destruir otros símbolos federales.

Antonio Demarchi, advertido de lo que iba a suceder, tomó precauciones. Ocultó el cadáver de su suegro detrás de una pared que mandó construir rápidamente, ubicando el féretro de manera vertical e hizo borrar el nombre de Quiroga de los registros del camposanto.

Cuando la masa de unitarios entró, se dirigió al lugar donde se suponía que estaba el  cajón con el cuerpo de Quiroga, enlazó la estatua de la Virgen La Dolorosa (que se ubica en la parte superior de la bóveda) pero fnalmente, tal vez por no encontrar el cuerpo, no rompieron nada.  

Los descendientes de Quiroga guardaron discreción durante más de un siglo.  El apellido era considerado “maldito” para el "liberalismo masónico triunfante" dice un texto.  Quisiera saber más de este tema, espero algún día poder ampliar.
Durante más de un siglo no se supo donde estaba el cuerpo de Quiroga.  En 2005 se produjo un hallazgo fruto de una investigación en la que se aplicó tecnología moderna y gracias a la colaboración de sus descendientes. Se descubrió finalmente dónde lo había colocado su yerno.  Sabemos ahora que Quiroga yace de pie detrás de una pared en la bóveda de la familia Demarchi, en el cementerio de la Recoleta.

La isla

Antonio Demarchi era dueño de la isla que lleva su nombre, lugar en el que una ex presidente quería hacer un polo audiovisual. 

Decoración del local de La Estrella


El cielorraso está decorado con pinturas de Carlos Barberis  (1861, Tucumán - 1913, Buenos Aires).
Las estanterías son de nogal de Italia, hay dos pinturas de 1,30 m x 2 m, cristales de Murano, mármol de Carrara, pisos de mayólicas venecianas, marquesinas de hierro forjado, ornamentación que todavía se conserva.

Barberis pintó alegorías femeninas representando a la botánica y a la química.  Dos mujeres, jóvenes y saludables, se enfrentan a otra enferma, simbolizando el triunfo de la farmacia y la salud contra la enfermedad.


 Mural principal del cielorraso de la antigua farmacia. 

Detalle del techo la enfermedad y la farmacopea

Foto tomada del sitio http://www.argentinaparamirar.com.ar/notas/ver/69/museo_de_la_ciudad_ de_buenos_aires_en_el_barrio_de_monserrat_ciudad_de_buenos_aires  si molesta su utilización contactarse y la misma será removida

La balanza

En 1918, llegó desde Estados Unidos la balanza que aún funciona y compite con otra, electrónica.

Placa en la vereda donde consta la fecha en que fue construido el edificio



Detalle del piso


Tertulias

Además de sus laboratorios alopático y homeopático y de su herboristería que continúan abasteciendo  a los enfenrmos del siglo XXI, la farmacia cumplía la función social de ser salón de tertulias. Allí discutieron personajes como Bartolomé Mitre, Julio Roca, Carlos Pellegrini e Hipólito Yrigoyen.



Química La Estrella (1928)

En 1921 se decide la compra de un terreno de alrededor de 40000 metros cuadrados en pleno corazón geográfico de Buenos Aires, situado en la Avda. de los Constituyentes y Chorroarín.

En el mes de agosto de 1924 se inicia la construcción de la fábrica, bajo la dirección de ingenieros holandeses y alemanes.

Se inaugura en el año 1928 la nueva fábrica.


Documentos que permiten ubicar temporalmente algunos objetos de mi colección


Imagen tomada de  http://hemerotecadigital.bne.es/pdf.raw?query=id:0004134500&lang=es&search=&log=19020503-00187-00009/Caras+y+caretas+%28Buenos+Aires%29


Publicidad en el diario La Nación en el año 1902


Imagen tomada del sitio https://mendozantigua.blogspot.com.ar/2016/12/calores-de-verano-digestivo-demarchi.html


Objetos de mi colección

Abrecartas

El Digestivo Demarchi publicitaba en 1902 en el diario La Nación, por lo tanto es anterior a se año



Tratado mencionado en el mismo anuncio (anterior a 1902)

Efectivamente, encontré esto


En este fragmento se detalla la donación del medicamento de Demarchi al Hospital Italiano 
en el año 1900.


Encontré errores en diversas páginas web incluso en las de la propia Química Estrella,

Si hubiera algún error en mi texto contáctense y de corroborarlo éste o éstos, serán corregidos.

Hasta un próximo post.